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💣 Saga nitrato 1/4 · Episodio nuevo
🎙️ Podcast📜 Historia

Oppau, 1921: 20.000 voladuras salieron bien. La 20.001 borró un pueblo

Una fábrica que rompía su fertilizante con dinamita. Veinte años sin un solo accidente. Hasta que alguien cambió la receta unos puntos y mató a 561 personas.

Escucha el episodio

👉 Episodio 1 de la saga del nitrato amónico. Próximamente: Texas City 1947, Beirut 2020 y el porqué de los cien años.

Antes de empezar, quédate con un dato: la cosa que hizo desaparecer una fábrica entera, con cientos de personas dentro, era fertilizante. Comida para el campo. Lo mismo que igual tienes ahora a las afueras de tu pueblo.

Si te suena lo de Beirut, en 2020, ya sabes de qué te hablo. 2.750 toneladas de nitrato amónico mal guardadas, una chispa, y media ciudad por los aires en una tarde. Pero Beirut no fue la primera vez. Esto lleva pasando más de cien años, con el mismo material y casi siempre por el mismo error. Y empezó en un pueblo alemán que igual ni sabías que existe.

Este es el primer episodio de una saga de cuatro. Hoy, Oppau.

Primero, el malo de la película

El nitrato amónico son unos cristalitos blancos, granulados beige. No huele a nada. Lo coges con la mano y no pasa nada. Es el fertilizante más usado del mundo: la mitad de lo que da el campo del planeta sale de ahí. Si mañana desaparece, mañana hay hambre.

Y ahora el detalle que lo explica todo. El nitrato amónico, él solo, no es un explosivo. Es un comburente. No arde por su cuenta: lo que hace es regalar oxígeno. Si tiene algo ardiendo al lado, le da combustible para arder mucho más fuerte.

Para volverse asesino necesita tres cosas a la vez: que esté encerrado, que esté contaminado con algo que arda, y que alguien le suba mucho la temperatura. Confinamiento, contaminación y calor. Apúntalas, porque vuelven en cada episodio de la saga.

Y las tres se dieron juntas, por primera vez en la historia, en Oppau, en 1921.

Alemania, 1921: una fábrica que rompía sus bombas con dinamita

Ponte en situación. Alemania acaba de perder la Primera Guerra Mundial, está rota y con la hiperinflación llamando a la puerta. En medio de ese desastre hay una empresa que funciona como un reloj: BASF. Sí, la misma de hoy.

BASF tenía una fábrica a orillas del Rin, en Oppau, donde hacía lo que Alemania necesitaba para no morirse de hambre: fertilizante. Durante la guerra no podían comprar nitratos a Chile, así que dos químicos alemanes, Fritz Haber y Carl Bosch, se inventaron la forma de sacar nitrógeno del aire. Los dos acabaron con un premio Nobel.

Pero con un problema. Lo que fabricaban no era nitrato amónico puro, sino una mezcla mitad y mitad con sulfato amónico. La llamaban Mischsalz, sal mixta. Salía más barata y el sulfato calmaba al material. El lío es que esa sal se apelmazaba: la tenían en un silo gigante, a la intemperie, y con los días se quedaba dura como una piedra. Para cargarla en el camión, había que romper el bloque. ¿Sabes cómo?

Con dinamita. Hacían agujeros en el bloque, metían cartuchos pequeños y los detonaban para desmenuzarlo. Llevaban veinte años así. Más de veinte mil voladuras. Sin un solo accidente. Hasta que un día dejó de salir bien.

Operarios manipulando el material apelmazado en el silo de la fábrica
Operarios trabajando el bloque apelmazado de sal mixta en el silo a cielo abierto. La rutina de cada día en Oppau. Recreación.

21 de septiembre de 1921, las 7:32 de la mañana

Turno de día. El equipo lleva desde el amanecer preparando una voladura de rutina. Para ellos es un martes cualquiera. Lo que no sabe nadie es que en las últimas semanas la fábrica había cambiado un poco la receta: un poco menos de sulfato, un poco más de nitrato. Solo unos puntos. Y resulta que esos pocos puntos eran justo la frontera entre «esto se desmenuza» y «esto detona en cadena».

Ponen la dinamita, cuenta atrás. La carga pequeña hace lo de siempre. Pero esta vez la onda no se queda en lo suyo: encuentra una zona con más nitrato de la cuenta y esa zona detona. Y la de al lado. Y la siguiente. En milésimas de segundo, por todo el silo.

A las 7:32, la fábrica de Oppau dejó de existir.

561 muertos confirmados (algunas fuentes elevan la cifra por encima de 600). Unos 2.000 heridos. El 80% del pueblo de Oppau, arrasado.
~90 mde ancho tenía el cráter donde estaba la fábrica
30 kmventanas rotas hasta Heidelberg
80 kmdaños hasta Frankfurt; la sacudida se registró en Suiza
Vista aérea del cráter dejado por la explosión de Oppau en 1921, junto al río Rin
Vista aérea del cráter de Oppau a orillas del Rin: donde estaba la fábrica de BASF quedó un agujero de unos 90 metros de ancho. Recreación.
El pueblo de Oppau reducido a escombros tras la explosión de 1921
Lo que quedó de Oppau: el 80% del pueblo arrasado en milésimas de segundo. Recreación.

Y un detalle que pone los pelos de punta: del bloque entero solo detonó una parte. Una fracción (los peritos no se pusieron de acuerdo en cuánta, pero fue poco del total). El resto se quedó ahí, intacto. Si llega a detonar el silo entero, hoy Frankfurt sería un recuerdo.

El porqué: lo que nadie sabía

Aquí está lo que de verdad importa. Cuando llega la comisión a investigar, los químicos de BASF, la química más avanzada del planeta, dicen todos lo mismo: «Imposible. El nitrato amónico no detona. Es fertilizante. Llevamos veinte mil voladuras sin un rasguño».

Y técnicamente tenían razón. En condiciones normales, no detona. Por eso lo guardaban a cielo abierto y lo dinamitaban sin pensar. Lo que se descubrió en Oppau cambió la química industrial: el nitrato amónico es sensible a la mezcla. Si está bastante puro y bien compactado, un golpe fuerte y localizado, como el de un cartucho, puede arrancar una detonación que se propaga por todo el bloque.

Habían estado jugando a la ruleta rusa veinte mil veces. Las primeras les salió bien por pura suerte, porque el sulfato calmaba al material. La número veinte mil uno les explotó en la cara, porque alguien había cambiado la receta unos puntos. Solo unos puntos, sin apuntarlo en ningún sitio.

A partir de Oppau cambió todo: primeras normas serias de almacenamiento, se prohibió la dinamita para soltar el material, y se empezó a distinguir entre nitrato amónico limpio y contaminado. Esa distinción sigue viva hoy, y es la moraleja de los cien años (la cuento entera en el último episodio de la saga).

¿Y esto qué tiene que ver con el asfalto?

Que ese mismo material viaja por nuestras carreteras todos los días. En la carta de porte lo verías como UN 1942, nitrato amónico, clase 5.1. La clase 5.1 es justo esa: comburente. No arde solo, pero le da oxígeno a lo que tenga al lado.

Todo el papeleo, las normas de carga, la prohibición de juntarlo según con qué, las restricciones de temperatura… no son manías de un funcionario aburrido. Son la letra pequeña que escribieron Oppau, Texas City y Beirut con cientos de muertos. La norma casi siempre tiene un cementerio detrás. De eso va este podcast.

Oppau, 1921. El primer aviso. Tú dirás: con un susto así, la industria aprendería, y la próxima vez alguien pararía a tiempo. Pues no. Veintiséis años después, en un puerto de Texas, un barco francés cargaba más de dos mil toneladas de nitrato amónico en sacos de papel recubiertos de cera. Cera, que arde. Y esa mañana apareció un fueguecito en la bodega.

Pero eso te lo cuento en el episodio 2: Texas City, 1947.

Preguntas frecuentes

¿Qué pasó en Oppau en 1921?

El 21 de septiembre de 1921, una fábrica de BASF en Oppau (Alemania) que producía fertilizante explotó al intentar romper con dinamita un bloque apelmazado de nitrato y sulfato amónico. Murieron unas 561 personas y quedó arrasado el 80% del pueblo.

¿El nitrato amónico es explosivo?

Por sí solo, no. Es un comburente (clase 5.1 del ADR): no arde, pero aporta oxígeno a lo que arde cerca. Se vuelve peligroso cuando coinciden confinamiento, contaminación con algo combustible y calor, o cuando, estando puro y compactado, recibe un golpe fuerte y localizado.

¿Qué es el UN 1942?

Es la designación con la que el nitrato amónico (con un máximo de combustible) viaja en el transporte de mercancías peligrosas: UN 1942, NITRATO AMÓNICO, clase 5.1, comburente. Es lo que figura en la carta de porte cuando hoy se transporta por carretera.

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